Tu casa, tu legado: diseñando hogares con identidad y alma, el inicio de una historia y una memoria.
Los mejores arquitectos de Yucatán creamos un diseño de casas personalizadas de tal manera que cuenten la historia familiar para hacer que perdure y trascienda. En este artículo te contamos cómo.
¿Alguna vez has entrado a una casa y has sentido que habla de la vida de quienes la habitan? Significa que desde el diseño, se logró concebir el espacio como un reflejo de la historia familiar de quienes lo habitan.
Cada vez más familias buscan hogares que no sólo sean bellos y funcionales, sino que expresen quiénes son, qué les distingue y qué desean dejar como legado. Pero ¿Cómo se traduce una narrativa personal en arquitectura? En Duarte Aznar te compartimos cómo.
Arquitectura íntima: el arte de escuchar antes de diseñar
El diseño de un hogar no comienza con planos ni renders; empieza con preguntas. ¿Qué momentos quieres vivir en tu casa? ¿Qué espacios recuerdas de tu infancia? ¿Qué valores deseas transmitir a las siguientes generaciones?
Quienes diseñan espacios en Yucatán saben que cada proyecto es único porque cada familia lo es. Por eso, el proceso es profundamente colaborativo: escuchar, comprender y traducir esos deseos en espacios que cuenten su historia.
Ejemplos de arquitectura íntima en proyectos de Duarte Aznar
Imagina una residencia donde cada paso al interior te permita ir dejando atrás el allá impersonal y sumergirte en el aquí, íntimo y pleno, donde encuentres ambientes para estar relajado y cómodo, sintiéndote tu mismo. Este tipo de detalles no ocurren por azar: son el resultado de un diseño arquitectónico que prioriza a las personas que habitarán la casa.
La arquitectura personal es el sello que convierte una residencia en un hogar lleno de significado. En Duarte Aznar cada proyecto es único, y aquí compartimos algunos ejemplos reales de cómo hemos incorporado este enfoque en nuestras propuestas:
1. Patios que resguardan la memoria familiar
Casa 60 surge de un legado, donde la tercera y cuarta generación de una familia se hacen cargo de un patrimonio histórico y sentimental; ante ello, se abre la posibilidad de continuar disfrutando de un espacio que les vio crecer, y que ahora, los muros de la casa verán crecer a nuevas generaciones de la misma sangre. Se accede desde la calle a través de un pequeño patio que invita a dejar el ajetreo de la vida exterior y sumergirse en una máquina del tiempo que evoque los bellos momentos que vivieron en su infancia.

En varias de nuestras residencias hemos diseñado patios que preservan árboles y vegetación existente. Estos espacios no solo ofrecen sombra y frescura, sino que se convierten en un símbolo de continuidad para la familia y el medioambiente.
2. Espacios Congelados
En algunas de nuestras casas hemos encontrado la ocasión de conformar un remanso pretérito, que reúne muebles u objetos que han sido patrimonio familiar por muchas generaciones. Sumergirse en estos espacios permite transportarse a ambientes donde los recuerdos y la imaginación se funden creando un espacio congelado que se vive en el presente.
En la Casa Patios, se logró un espacio así, sin interferir con la dinámica familiar ni con la imagen contemporánea de la edificación.
3. Materiales que dialogan con la historia
En un terreno en esquina, al norte de Mérida, se erige la Casa BN, un refugio sereno, donde los materiales nobles y perdurables dialogan con el entorno. La casa se abre a los vientos dominantes del este, que se filtran suavemente a través de una bóveda semi elíptica que recorre el terreno y protege el área social, generando una sensación constante de frescura y resguardo.
Un patio central, bañado por una luz modulada, se convierte en el corazón de la casa. Ahí, una escultura de piedra y acero —símbolo de equilibrio y permanencia— articula la vida cotidiana y enlaza los espacios interiores con la naturaleza.
En la esquina más expuesta del terreno, la vivienda responde con apertura, compartiendo su sombra, su textura y su calma con la ciudad. Su paleta material —muros de piedra, concreto aparente, madera y acero patinado— garantiza bajo mantenimiento y una belleza que se enriquece con el paso del tiempo.

Cada espacio, cada rincón de la casa, expresa serenidad y permanencia: un lugar donde lo inmaterial —la luz, la sombra, el instante— se entrelaza con lo tangible para ofrecer emociones y experiencias a sus habitantes. El tiempo, siempre implacable, deja su huella en los materiales que envuelven estos espacios, pero lo hace con respeto, revelando su nobleza sin agotarla.
4. Recorridos que evocan momentos importantes
La arquitectura no sólo construye espacios, también construye miradas, como diría Gastón Bachelard - “La casa es nuestro rincón del mundo… nuestro primer universo”, ó Peter Zumthor - “La arquitectura es el arte de dar forma a los lugares donde vivimos”.
Anteriormente mencionamos la importancia de plantear recorridos que generen emociones, que permitan descubrir nuevas sensaciones o buenas memorias. Transitar entre un espacio y otro debería ser como transitar entre emociones, y al igual que un camino, se pueden dirigir a donde necesitamos que lleguen. La Casa del Sendero surgió de la disposición natural de los espacios, y con natural nos referimos a la naturaleza como eje central. Una serie de árboles existentes de relevante tamaño, dibujan en el terreno un sendero irregular que permite descubrir cada espacio y generar diferentes vistas.

El mundo entra por la mirada, y la arquitectura decide cómo lo miramos. Diseñamos circulaciones donde la arquitectura enmarca vistas especiales; estos recorridos se planean para que cada paso cuente algo.
5. Espacios que evoquen a la relajación y la introspección
La arquitectura no sólo construye materia, también construye silencio. Algunos espacios detienen el ruido del mundo y permiten el reencuentro con uno mismo.
Proyectos como Casa Marsella contemplan espacios donde la luz se filtra con mesura, donde la sombra tiene sentido y los elementos como la piedra, el concreto, el agua y la vegetación dialogan con serenidad. Nada busca destacar; todo participa en equilibrio.

Desde cada uno de sus rincones, la arquitectura no pretende ser vista, sino sentida. Ser un marco para la contemplación, una pausa que invita a la calma y a la claridad interior.
Porque hay momentos —y lugares— en los que la arquitectura trasciende la forma y se convierte en estado: un estado de paz, de presencia y de consciencia.
6. Conexión profunda con el entorno
Nuestros proyectos no sólo buscan favorecer la ventilación cruzada, los techos altos y la vegetación endémica para garantizar frescura y bienestar. No solo buscan cuidar el clima interior o generar microclimas, sino que hacen sentir al hogar parte de la historia de la región. No sólo se emplean materiales propios de la región, que sean duraderos, de bajo mantenimiento y amigables con el ambiente, buscamos que sus colores, texturas y calidez, brinden emociones a sus habitantes.
Mas allá de esto, nuestros proyectos buscan ser un ancla, un interlocutor, un intermediario entre un sujeto y un sitio. Buscan vincular a uno con el otro y potenciar lo mejor de ambos. Proyectos como Casa en la Playa “El Refugio”, buscan adaptarse sin depredar, y tomar el paisaje prestado como una extensión de la casa misma.
Construir es crear memoria
Tu hogar es mucho más que muros y techos: es el escenario donde se escriben las memorias y el legado familiar. Apostar por la arquitectura íntima y el diseño de casas personalizadas es también una forma de construir un legado emocional y patrimonial que perdure.
En Duarte Aznar no partimos de un plano: partimos de tu visión, de tu historia. Cada espacio es un reflejo íntimo de lo que eres y de lo que construyes para tu futuro y el de los tuyos; tu inversión merece una firma que entienda eso. Te invitamos a explorar algunos de nuestros proyectos e imaginar con nosotros el hogar que sueñas.
