El futuro depende de la acción humana y cada vez, más humanos pretendemos hacer mejor las cosas. Si las proyecciones de la ONU se cumplen, la población mundial se estabilizará en 10,400 millones de habitantes a fines del presente siglo. Lo que no significa que nuestra situación esté resuelta. Entre el día de hoy y esa fecha hay menos de tres cuartos de siglo; para que nuestros hijos encuentren un futuro halagüeño, hemos de trabajar de otra manera: Ver más allá del predio, construir una estética que tenga al individuo y su entorno en el centro y encontrar nuevas formas de habitar en donde ni todo sea gris ni todo verde.
_______________________________________________________________________________________________________________________________
Publicado: 24-septiembre-2026
“No hay que pretender la peatonalización de las calles, debemos peatonalizar las aceras.” Aercel Espadas.
Caminaríamos más y necesitaríamos menos de los vehículos, si tuviéramos más aceras cómodas, seguras y confortables.
¿Qué es una acera? La acera —también conocida como escarpa o banqueta— es el espacio público contiguo a las vialidades destinado a la movilidad segura, accesible y prioritaria de los peatones.
¿Cómo debe ser una acera ideal? El principio básico es que toda calle debe contar con aceras en ambos lados. Para garantizar su funcionalidad, debe cumplir con las siguientes características:
¿Para qué sirven las aceras? Su función esencial es permitir el desplazamiento de un punto a otro de forma segura y cómoda. Sin embargo, su valor urbano va mucho más allá: son el principal punto de encuentro ciudadano. Cuando su diseño y dimensiones lo permiten, dejan de ser sólo un canal de tránsito para convertirse en espacios de convivencia, descanso y vitalidad social.
Una calle cuyo presupuesto de construcción no contempla sus aceras es una obra incompleta. Aunque muchos empleamos automóviles para desplazarnos, todos, en algún momento, somos peatones.
_______________________________________________________________________________________________________________________________
Publicado: 10-septiembre-2026
“La casa es una pequeña ciudad, y la ciudad es una gran casa”. León Battista Alberti
¿De qué tamaño debería ser nuestra casa? Debe ser lo suficientemente amplia para albergarnos a todos; con espacios dignos para descansar, comer, convivir y desarrollarnos. Sin embargo, su tamaño no debe exceder nuestra capacidad económica. Una casa demasiado grande agota el presupuesto destinado a su mantenimiento, comprometiendo precisamente la seguridad y la comodidad que buscamos.
Esta misma lógica se aplica a una ciudad. Agradecemos contar con parques, escuelas, hospitales y los edificios vitales para la vida urbana. Pero resulta lamentable cuando el crecimiento desmedido nos deja calles sucias o sin pavimentar, falta de aceras, rampas, alumbrado, señalización y árboles que aporten sombra. Todo esto también es infraestructura esencial.
En un hogar, cuando un foco fundido no se cambia, la maleza crece o una gotera se queda sin reparar, significa que la casa le ha quedado grande a la economía familiar. De igual forma, si en una calle un peatón tropieza por la oscuridad o dos vehículos chocan por falta de señales, el mensaje es el mismo: la "casa urbana" es demasiado grande o los recursos son insuficientes.
En conclusión, es mejor tener una casa —y una ciudad— construida a la medida de nuestras posibilidades reales. Solo así garantizaremos que a nadie le falte un "techo" seguro y que todos podamos disfrutar de las verdaderas ventajas que provee la vida urbana.
Conjunto de Usos Mixtos, "Paseo 60" muestra una manera de ocupar un baldío en una zona consolidada -de hecho, en el mismo Centro Histórico de Mérida- añadiendo elementos de equipamiento urbano empleando infraestructura subutilizada. No hay expansión sino redensificación.
En el Parque del Barrio de San Román, en Campeche, añadiendo una cubierta de cristal y un andador perimetral, se renueva un espacio público casi olvidado -que reúne cinco siglos de historia- y pone de nuevo en valor un lugar que ha albergado algunas de las tradiciones más antiguas de América. No hay expansión sino revitalización.
_______________________________________________________________________________________________________________________________
Publicado: 27-agosto-2026
En 1800, el mundo era poblado por unos 900 millones de personas; hacia nuestros días, transcurridos apenas 225 años, la población mundial supera los 8,000 millones de personas.
Cada una de ellas -cada uno de nosotros- requerimos espacio para vivir y desarrollar las actividades humanas. Esas actividades también requieren espacio: para trabajar, para estudiar, para el ocio, para mantener o recuperar la salud, para circular y conectarnos, para desenvolvernos en comunidad… y cada uno de esos espacios, para edificarse, requieren además de espacio, materiales de construcción para su realización.
La única fuente para proveernos de ambos insumos -espacio y materiales- es el planeta. Con sus 510 millones de kilómetros cuadrados, menos del 30% es tierra firme, habitable de alguna manera.
Cuando éramos 900 millones alcanzábamos todos y sobraba espacio y recursos. Hoy tenemos conciencia de que nada sobra, más bien al contrario. Hay sitios de difícil acceso o inhóspitos por diversas razones, hay suelos que recurrentemente reclaman para sí los mares o los ríos, hay otros que eventualmente se convierten en ríos o lagos de lava; hay patrimonio histórico que respetar, ecosistemas que conservar, espacios de uso público que mantener; ¿cuáles suelos podemos ocupar y cuáles no? ¿cómo podemos ocuparlos y cómo no? ¿qué tan intensa puede ser nuestra ocupación o que tan baja puede ser la densidad de nuestros asentamientos? ¿De dónde se obtiene lo que consumimos y a dónde va a parar lo que desechamos?.